1.2.12

Realidad

Envuelta en mil colores que nublaban mi vista
permanecí durante dos auroras
y después de un rocío de verdades
una gran abertura quedó expuesta en el abismo 
para mostrarme desde ahí
que aquel lado era ambiguo y sombrío, 
que no hay paraíso, que tan sólo hay avernos.
Palabras al aire, atrapadas con la red hecha de ilusiones
¡qué lerda fui para darme cuenta que eran de alguien más!
Mi cavidad torácica se hace más profunda 
el pequeño instinto de querer sentir
de nuevo vuelve a su lugar
a ser un órgano más 
deja su vida para después 
puesto que la psique seguirá siendo mi guía.