No cayó la misma lluvia de palpitaciones.
Ahora lúcida mi mente está
al saber que aunque amarre mis brazos
en cada encuentro, todo por no atar sus alas
que son el veneno de una ensoñación
con la que poco a poco arrancará un puñado de estrellas
y aunque oculte mis arrebatos
cada que el cardenal canta
hacia aquél inexorable deseo
mitigo las palabras del río de sentimientos
en ésta mi enorme cuenca de dudas
aún con tan frías manos y corazón hirviendo
no deja de aparecer la incómoda ausencia
del misterio que envuelve en las notas dedicadas al viento
por eso he aquí mis pasos trémulos al saberme
inundada de su recuerdo.