Entre la vereda aquella se encuentra la pequeña
a la que a todos llaman loca
y sólo porque encontró un refugio
donde por fin pudo romper el listón
ese listón que le mantuvo atada
con la más grande indiferencia
hacia esa caja que palpita dentro de su pecho.
Fue como un suave respiro
un fresco y delicado olor a renacimiento
acompañado de un toque sabor a esperanza.
Después de todo lo ocurrido
no importaba si una pluma más cayese de sus alas,
al fin y al cabo, había caído en cuenta
de que el alma es lo que trasciende
es la única que no se mutila
la única que no se corrompe,
aunque puede desfallecer
si no la escuchas y sobre todo si no la mimas.
Era todo tan colorido y a la vez tan inverso
a lo que había acontecido minutos atrás,
que pensó dos o quizá hasta cuatro veces
antes de seguir andando.
Todos en rededor la observaban,
con temor a que se hundiera
mientras cruzaba el fango
y entre murmullos se escuchaba:
"No serán más que berrinches
de niña queriendo ser adulta,
utilizando mil artilugios para tratar de comprender
todo sentimiento que le acecha."
"Oh cuánta razón tal vez tienen o tal vez la tendrán".
Pensó ella mientras seguía su camino,
pudo haber sesgado un poco su andar
pero jamás se detuvo.