Cae atadura de hierro
desgarras mi ser, hieres mi alma.
No hay risas, no hay entregas,
no hay nada.
Muero, tú vives
ya no más.
Ahora sale mi rostro
acariciado por manos de piedra,
abofeteado con pétalos de desamor
y lavado con agua salada
pero mi rostro, al fin.