Sin pensar en lo que quizá enterneció a mi alma,
siempre sublime siempre divino
pareciera todo un mito
el que mi otra mitad existiera.
Esta vez
ya no quedan más que cenizas
a punto de ser elevadas,
por esa fresca llovizna
que regocija mi pasado
y alimenta mi futuro,
esa llovizna que no es más
que el presente aturdido
por tantos momentos de olvido.
Y aun con tanto ruido a mi alrededor
logro escuchar la voz que siempre me levanta:
quiero verte reencontrada con tu otra mitad,
recibiendo el ocaso con una sonrisa
y con nuevas batallas ganadas,
verte en la gloria,
verte en tu mañana,
mientras la lluvia borra heridas
y sopla recuerdos,
dejando que el presente
dance sobre esas ruinas
que enternecieron tu alma.