Calcinaron nuestras ramas,
y algunos troncos, pero ignoraron las raíces.
Raíces que profundas quedaban dentro de la tierra,
Con sangre no se conquista, ni se mata,
Ya nada que reclamar, pues con la misma sangre nos hicieron renacer.
Diferencias de piel, acento, costumbres, dejan hoy de importar
nuestra alegoría nunca desapareció, ahí estuvo
y está, en los ojos y las prendas del hermano
aunque habla una lengua casi muerta.
No hemos cambiado...
Evolución, no es sinónimo de cambio.
Seguir con la esencia,
es la atracción por naturaleza.
Echar un clavado al interior...
y dejar de ver desde afuera.
