Postrada nuevamente sobre ese lienzo que borra huellas, quita dudas; en ocasiones las engrandece. Revive momentos y mata a algunos de ellos.
Ahí de nuevo, ahí sin saber qué hacer, tan sólo se mueve al compás de la psique, alma o llámele como guste. Destila sangre, lágrimas y risas; eterniza años, horas, segundos, momentos inefables. Pero... sigue preguntando en cada trazo: ¿Por qué o para qué?